El turismo y el futuro

La productividad elemental

¿Cuál es el fin último de la sociedad y de los modelos económicos? Aumentar lo que podríamos llamar la productividad elemental.

Y por productividad elemental entendemos la capacidad de alimentarnos, conseguir agua, tener una higiene y crear una seguridad contra amenazas del entorno, gastando los menores recursos posibles (tiempo y energía). Estos son los factores elementales que nos aseguran el fin último: vivir.

Toda nuestra actividad está orientada a mejorar esta productividad elemental, creando tecnología, herramientas, formas de organizarnos para como fin último tener alimentos y agua en nuestra mesa con el mínimo coste de tiempo y energía.

Y somos tan productivos, que cada uno de nosotros tenemos excedente de esa productividad elemental. Ese excedente que guardamos, lo almacenamos en forma de dinero en nuestras cuentas bancarias, para en un futuro tener aseguradas esas necesidades básicas.


La causa del turismo

De vez en cuando, acumulamos tanta productividad elemental en nuestras cuentas de ahorro, que calculamos que nos va a sobrar y decidimos emplearla para cubrir otro tipo de necesidades: sociales, de autoestima y en último punto de autorealización. Para ello decidimos conocer nuevos lugares, realizar actividades de ocio con nuestros amigos, compartir retos deportivos en lugares especiales, disfrutar de espectáculos naturales o artísticos.

Nos salimos de nuestro lugar para tener experiencias diferentes e intensas, a veces solos y a veces acompañados. En definitiva nos convertimos en turistas.

Así que la industria del turismo que una determinada comunidad de personas realiza, tiene como objetivo quedarse con ese exceso de productividad elemental, vendiendo el espacio, los alimentos, el aíre, el agua, el refugio y la seguridad.

Es paradójico que vendemos esos recursos básicos, para comprar productividad elemental que poder utilizar en el futuro para poder tener esos mismo recursos que en el pasado vendimos.


Hay 2 dilemas con el turismo

El primer dilema: el precio

Si vendo barato, vendrán más turistas. Como vendrán muchas personas, aunque les venda por poco importe, en total habré capturado mucha riqueza.

Si vendo caro, vendrán menos turistas. Pero como cada uno de ellos se dejan mucho dinero, igualmente podremos capturar mucha riqueza.

¿Qué enfoque es mejor?

Si con el turismo, les estoy vendiendo recursos básicos, no hay duda; cuanta menos cantidad de mis recursos básicos les venda, tendré una situación sostenible en el tiempo.

El turismo barato nunca puede ser una estrategia a medio o largo plazo.

El segundo dilema: a qué destino el botín capturado

El turismo nunca puede ser un fin último de la economía de un pueblo. Tiene que ser una estrategia para acumular riqueza de cara a desarrollar capacidades para aumentar la productividad elemental de ese pueblo (creando tecnología, herramientas, formas de organización,…)

Es decir, el turismo debe ser una estrategia para financiar este tipo de capacidades.

Pero, si el destino fundamental de la riqueza obtenida es directamente satisfacer necesidades sociales, de autoestima o autorealización de las personas que han vendido sus recursos básicos a los turistas, no habremos desarrollado otra forma de economía que la basada en vender los recursos básicos, que llevará a su tarde o temprano agotamiento y finalmente a la pobreza del pueblo.


El turismo en el tablero de ajedrez

Un turismo peón, que se sabe pieza de un plan más grande, en el que juega el papel de financiador de iniciativas de mejora de la productividad de un pueblo, y que por lo tanto intentará vender lo más caro posible, será chispa y catalizador de riqueza y prosperidad.

Un turismo que se cree rey del tablero, narcisista, preocupado de que el mayor número de personas lo disfruten, sólo llevará a la pobreza y destrucción.